lunes, 22 de octubre de 2012

CONJUNTO RELIGIOSO FRANCISCANO Iglesia de Santa Ana, Convento de San Francisco, Museo histórico.


El complejo al que nos vamos a referir se encuentra emplazado en el barrio más antiguo de la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz, el barrio Sur, formando parte de un área conocida como “casco histórico” o “centro fundacional”. Se ha respetado en el trazado de la nueva ciudad, el lugar jerárquico que ocupara en la Santa Fe de la primera fundación, en las proximidades de la actual Cayasta el 15 de Noviembre de 1573. El actual complejo fue inaugurado en 1680 aunque se finalizo en 1695.

En el año 1942, y debido a su relevancia histórica, arquitectónica, religiosa y artística, se declara, por decreto nacional, Monumento Histórico Nacional a la Iglesia de Santa Ana, teniendo en cuenta cuestiones tales como su fecha de construcción, que a allí se conserven los restos del Brigadier López, que el Cristo ante el que juraron los Constituyentes permanezca entre sus obras artísticas, las que, sumadas al patrimonio arquitectónico e histórico, conforman un tesoro de incalculable valor.

A la izquierda del templo (en la esquina de San Martín y Amenábar) se encuentra la Estatua de San Francisco de Asís, patrono de la ecología y fundador de la Orden Franciscana. Está representado en pose de bendición y a sus laterales se encuentran placas con datos biográficos y oraciones representativas (Cántico de las creaturas, Oración de las simples cosas, Bendición Franciscana). Dicha estatua, confeccionada en mármol de carrada, fue construida a pedido de la 3ra Orden de Franciscanos, en homenaje a su Padre fundador.

La Congregación Franciscana jugó un gran papel en la historia de Santa Fe, desde sus orígenes.

SU INSTALACION EN SANTA FE

La Orden de San Francisco fue la primera que se instalo en Santa Fe. Según algunos historiadores, los frailes franciscanos ya habían estado presentes en la fundación de la ciudad, en tierras de Mocoretaes y Calchines, donde fuesen erigidos la primera iglesia, Convento y Colegio, los que se trasladaron posteriormente, durante el movimiento de la ciudad hasta su actual emplazamiento.



LAS REDUCCIONES FRANCISCANAS

Los franciscanos trabajaron en la doctrina de las primeras reducciones que se fundaron en el Paraguay y en el Río de la Plata.
Hernandaria
s de Saavedra admiraba el celo misionero de los franciscanos, al igual que el de los Jesuitas, por encima del de las otras órdenes. No obstante reconocía que antes de traer sacerdotes desde España era preferible ordenar a los aspirantes nacidos en la tierra, que conocían la lengua de los indios que debían adoctrinar y podían tener éxito en su misión.

Es así que en jurisdicción de Santa Fe entre 1615 y 1617, el gobernador Hernandarias fundo tres reducciones, dos de las cuales estuvieron a cargo de frailes del Convento de San Francisco. Una de ellas, San Miguel, localizada en el paraje de los Calchines a cinco leguas al sur de la ciudad en 1622 tenia su iglesia de tapias, cubierta de madera, y estaba a su cargo fray Pedro de la orden de San Francisco, que no hablaba la lengua de los naturales.

La otra, San Bartolomé de los Chanas, estaba mas al sur y también tenia iglesia de tapia, madera y paja.

CONVENTO DE SAN FRANCISCO


Extractos de un artículo redactado por el historiador santafesino Clementino Paredes (escrito el 21 de diciembre de 1944).

La antigua ciudad de Santa Fe, fundada por el noble Vizcaíno Dn. Juan de Garay el 15 de noviembre de 1573 a contar de principios del siglo XVII tuvo que soportar el avance frecuente de indígenas y, a fin de evitar estas continuas incursiones, el Gobernador Céspedes (7 de julio de 1627) tuvo que designar como Capitán de la defensa de la Ciudad a Dn. Cristóbal de Garay, nieto del fundador.
Durante más de 35 años tuvieron que luchar los habitantes de Santa Fe contra las invasiones que los indígenas realizaban periódicamente a la ciudad, cometiendo depredaciones, robos y muertes.
Esto provocó que el 21 de abril de 1649, el procurador Capitán Dn. Juan Gómez Rescio solicite del Cabildo el permiso necesario para la mudanza de la ciudad a otro sitio, pero el estado de pobreza en que se encontraba la población impedía tomar una resolución extrema.
No habiendo tomado por el Cabildo ningún acuerdo, el referido Procurador, el 24 de septiembre del mismo año, insiste en su pedido y señala para la mudanza el Río Grande del Salado y sitio allí determinado. Al mismo tiempo se le solicita al Gobernador Lariz el permiso necesario para la traslación de la ciudad y, el 24 de noviembre, se concede dicho permiso.
Resuelta por la autoridad colonial la traslación de la ciudad en 1651, en julio de ese mismo año se había procedido a trazar el égido; los moradores de la vieja población procedían lentamente a su traslación por cuanto en la antigua ubicación habían quedado algunos pobladores y fuerzas militares para defender los intereses de los que poseían haciendas en sus estancias. Sin embargo puede decirse que en 1660 estaba definitivamente establecida la nueva Ciudad.

Si bien es cierto que en 1660 se encontraba instalada la Ciudad en su sitio, aún no estaban totalmente edificadas las casas de las autoridades ni los edificios de los Conventos y de las Iglesias.
Las autoridades coloniales, al trasladarse a la nueva ciudad, señalaron a las Congregaciones Religiosas la ubicación que habían de tener, más o menos de acuerdo a la que había poseído en la antigua Ciudad.
Así San Francisco se ubicó en su sitio actual pero sus terrenos iban más al Este del Convento, quedando reducido hoy a una manzana más o menos, pues el resto de su propiedad fue ganada por el río. Durante los 10 primeros años inmediatos a la ubicación de la nueva Ciudad, los Frailes franciscanos habían construído, provisoriamente, un simulacro de Convento pues la edificación del mismo, se decía, eran las paredes de barro, sus techos de paja y la pequeña Capilla para el culto.
Después de 1670 empieza la edificación del actual templo, pues según documentos existentes en el archivo de los Tribunales, en 1676, el Padre Guardián solicita del Cabildo de Santa Fe el permiso necesario para establecer una vaquería en la otra banda del Paraná, a fin de que con su producto se pudiera terminar la iglesia que ya se había comenzado.
Cuenta la tradición que en la dirección de la construcción de esta obra, intervino un Padre Franciscano de reconocida competencia arquitectónica.


Alrededor de un gran patio, ornamentado con naranjos paraguayos, existían las celdas centenarias (de las que hoy solo quedan 4 auténticas) de paredes de tapia con techo a dos aguas, los tirantes de palma paraguaya con cañaverales sobre sus tirantes y encima de la caña en barro y sobre este las tejas españolas.
Las celdas tenían sus galerías sobre el patio y sobre la barranca. Los pilares de las galerías eran de quebracho labrado y sus techos con tirantes de palma, cañaverales atadas con tientos de cuero de vaca, barro y teja española.
Según la tradición santafesina, el templo de N.P. San Francisco fue terminado en 1680 y es el único construído en la forma que se le conoce, pues en toda América del Sur no hay otro similar.

En el centro del mismo, bajo una glorieta poblada de parras, se encuentra el viejo Aljibe, que data de 1800 y ya no está en uso.

 Guarda en su interior notables reliquias de carácter eminentemente artístico e histórico. Posee un altar mayor que hace dos siglos fue traído de España para los PP. de la Compañía de Jesús, quienes lo rechazaron, y el artista que lo construyó lo vendió a la comunidad franciscana. 

La antigua Veleta es una cruz de doble cinta, con flores de lis en los extremos, símbolo de la Virgen María, apoyada sobre una esfera que representa al mundo. Ésta veleta estuvo anteriormente ubicada sobre el techo del Templo, pero fue removida.

El Reloj de sol que encontramos también en el patio, fue construido por Francisco Javier de la Rosa, bajo la dirección del Padre Nepomuceno Alegre en el año 1749. El reloj de sol es un instrumento usado desde tiempos muy remotos con el fin de medir el paso de las horas y minutos. En castellano se le denomina también cuadrante solar. Emplea la sombra arrojada por un gnomon o estilo sobre una superficie con una escala para indicar la posición del sol en el movimiento diurno. Según la disposición del gnomon y de la forma de la escala se puede medir diferentes tipos de tiempo, siendo el más habitual el tiempo solar aparente. Dadas estas características, existen diferencias entre la hora solar y la hora oficial, debido a que la segunda no es arrojada por un parámetro natural, sino que es el resultado de una convención estatal.

Los pilares de la galería son de quebracho labrado y sus techos con tirante de palma, cañaverales atados con tientos de cuero de vaca, barro y tejas españolas. En el extremo oeste de la galería, junto a la puerta lateral de ingreso al templo, se encuentran en exposición tejas y ladrillotes. Las tejas, realizadas en arcilla, del siglo XVII, pertenecieron a la vieja Iglesia de San Francisco y a las ruinas de San Ignacio Mini, en Misiones. Los ladrillos, de grandes dimensiones, datan de la época de la colonia. También se encuentra allí una caja fuerte, grande y pesada, forjada en hierro.

TEMPLO

El Templo, con planta de cruz latina, es de una sola nave con galería lateral derecha. Los muros son de gran espesor (1,6 mts) y fueron construidos con el sistema de encofrado para poder soportar la techumbre, con la técnica de tapia o tierra apisonada, reforzados con hiladas de piedra caliza sobre cimientos del mismo material y están revocados con barro y encalados.

La elaboración de la tapia consistía en la extracción de tierra negra, la que era desmenuzada y cernida hasta obtener un polvo fino, el que se colocaba en grandes pozos en la tierra. Allí se le agregaba agua y hierbas gelatinosas (para la liga y la consistencia) y se dejaba estacionar de ocho a diez días hasta que el barro quedase convertido en limo, el cual era llevado a grandes moldes (encofrados) donde se emparejaba y dejaba secar. La resultante es una pieza seca y dura como piedra y sumamente resistente, lo que se demuestra en la inexistencia o grietas o rajaduras en la estructura del Templo.



El director técnico de la obra hacia construir el andamiaje, el cual debía soportar ménsulas y tirantes que tenían que empotrarse en la pared, descansando sobre tirantes de madera dura. Así se explica la nivelación simétrica de la colación de las ménsulas y tirantes en ésta obra colonial admirable.



Los muros de portería son diferentes en su construcción a los del Templo, empleándose en los primeros una técnica de características más similares a las de las ranchadas de adobe, mucho más rápida y ágil que la tapia.



Los pisos son en su mayoría de ladrillotes, encontrándose también “baldosas” de asperón rojo, piedra del cuaternario presente en el Río de la Plata, proveniente de Corrientes.



Las aberturas son las originales de Santa Fe la Vieja, de gran tamaño, imponentes. No poseen bisagras sino que giran sobre su propio eje mediante un sistema de quicio (parte de la puerta o ventana en la que se asegura la hoja, donde están los goznes o bisagras). Además se pueden observar tres jambas, que son listones de manera que forman los contramarcos. Son de origen mudéjar (es un estilo artístico que se desarrolla en los reinos cristianos de la Península Ibérica, pero que incorpora influencias, elementos o materiales de estilo hispano-musulmán, es la consecuencia de las condiciones de convivencia existente de la España medieval y se trata de un fenómeno exclusivamente hispánico que tiene lugar entre los siglos XII y XVI, como mezcla de las corrientes artísticas cristianas (románicas, góticas, y renacentistas) y musulmanas de la época y que sirve de eslabón entre las culturas cristianas y el islam, cuya característica principal es no presentar figuras humanas sino flores, hojas y arabescos.


El Nazareno
Artística imagen donada por la reina de España, doña María Ana de Austria el año 1652. Valiosa talla atribuida a la mano genial de Alonso Cano. La reina quería que vieran en la expresión de su rostro el inmenso dolor que ella sentía por la persecución que sufrían los pobladores por los celebres malones de los indios, razón por la cual se debió trasladar la ciudad desde Cayasta a su lugar actual.

San Benito de Palermo “El Moro”
Antiquísima imagen que desde el principio del siglo XVIII pertenecía a los descendientes de don Juan de Garay. Era el patrono de los negros Africanos de la Colonia. Se le atribuyen muchos milagros.

San Antonio de Padua “El Naufragado”
Maravillosa imagen en madera de estilo barroco policromado. Fue recogida y salvada del Río Los Quiloazas, hoy San Javier. Data de 1600. Un naufragio ocasionó el milagroso hallazgo de una caja flotando sobre las aguas, portando en su interior esta poderosa imagen.

San Francisco “El Estigmatizado”
Hermosa y artística imagen, su rostro, manos y pies en madera y cuerpo acartonado, traída del Perú en 1794 por el primero de los Iriondo, don Agustín, que fue hermano ministro de la Tercera Orden Franciscana. El Cristo alado en forma de Serafín significa el misterio de la transmisión e impresión de las cinco llagas de Cristo al Seráfico padre San Francisco en el monte Alvernia.


         Cofre con los restos del Brigadier General Don Estanislao López y Señora: descansan los despojos mortales del patriarca de la Federación conjuntamente con los de su esposa. Pertenecía a la Tercera Orden Franciscana, de la cual fue ministro o sea Superior el año 1828. Fue alumno de la Escuela San Francisco.

         Lápida de Juan Manuel de Rosas: al morir el Brigadier le fue enviada esta lápida por el mismo Rosas. Estos versos redactados por él, fueron inspirados por la gran amistad que los unía. Se cuenta que fue rota a culatazos de fusil por los enemigos de Rosas.


FACHADA DEL TEMPLO

Esta realizada en piedra sapo. Posee tres escudos: en el centro, el de la Inmaculada Concepción, a la derecha el de la Orden Franciscana.

También encontramos en el frente una serie de placas conmemorativas a la figura del caudillo santafesino, don Estanislao López.

Los marcos y contramarcos son de gran espesor, al igual que el dintel, que posee el mismo ancho del muro, todos son tallados a mano. Las hojas de los marcos son de gran altura, no poseen cerraduras ni bisagras, sino un sistema de quicios que giran sobre su propio eje, siendo posibles de manipular fácilmente. Estas puertas fueron traídas desde Santa Fe la vieja, pertenecientes al primer convento.

La fachada permaneció intacta desde su construcción hasta 1919, cuando a raíz de ciertas modificaciones pierde su estilo original, el que se trata de recuperar luego, en 1948, cuando el arquitecto Mario Buschiazzo restaura la fachada basándose en un cuadro de Vicente Cotanda “La procesión de la pura”, en 1805.

Otro elemento que se destaca en el frente es el Campanario, que consta de dos campanas pequeñas (traídas de España) y una de mayor porte, “La Carachosa”. Esta fue realizada (con el dinero recolectado por los vecinos para su realización, dicen algunos; con los restos de una campana de los Jesuitas expulsos, según otros) por el ermitaño Javier de la Rosa, quien construyera también una capilla en honor a la Virgen de Guadalupe (actual Basílica de Guadalupe). El nombre de Carachosa (del quichua: sarnosa) se debería a que esta conformada de varios trozos o remiendos y no de una sola pieza, presentando asi múltiples imperfecciones.

El Mástil esta hecho de piedra caliza del Paraná, al igual que los cimientos del Templo.

El ingreso al Templo, se realizaba habitualmente por la Portería (que funciona a su vez como recibidor del museo y santería). Sobre la entrada de la misma se encuentra, en una placa de mármol, la inscripción “1680”, fecha de la inauguración del Templo (aunque la obra fue culminada y abierta al público en 1695). Antiguamente ésta placa se hallaba sobre la puerta del Templo. En la portería de destaca (entre algunos cuadros, como uno que recuerda la imagen del Brigadier y otros recordatorios del origen del convento y de la evangelización franciscana en Santa Fe) una imagen del Cristo del Descendimiento, talla aborigen que posee brazos articulados y era bajado de la cruz para las procesiones de Semana Santa. Está hecho a base de yeso, cola y pintura, y data del siglo XVI.

Los muros de la Portería son de 80 cm de espesor y sus aberturas presentan dintel de madera a la vista.


TECHUMBRE O ARTESONADO

Lo más atrayente del interior del templo lo constituye el magnifico artesonado del cielorraso, en madera ensamblada sin un solo clavo, de inspiración mudéjar. Está realizado en madera de cedro paraguayo, lapacho, algarrobo y quebracho colorado, traídos del Paraguay en jangadas (balsas de troncos).

Al llegar las maderas paraguayas a Santa Fe eran depositadas en galpones (ranchos construidos alrededor del futuro Templo). Los mismos funcionaban también como talleres donde la peonaba realizaba trabajos maravillosos con los elementos más precarios, como cuchillos, hachas y cepillos. Contiguos a estos galpones, se encontraban los ranchos de los peones y la servidumbre del Convento y el Templo. Este trabajo de madera es un ejemplo único en la arquitectura colonial americana.

El coro, sobre el acceso, está trabajado con la misma calidad artesanal y estilística. Cuenta con barandas y columnitas torneadas a mano que lo circundan, dándole aspecto de balcón andaluz. En la cabreada que hay sobre el órgano se destaca en ambas puntas un carillón con muchas campanitas (para ser usadas en Jueves Santo, Nochebuena, y Navidad). Las cabreadas y tirantes son labradas cada una de un solo árbol. Tanto el apoyo de las cabreadas como el piso del coro, están sobre 36 fuertes ménsulas, labradas a mano con múltiples y artísticos adornos.

También existe allí un órgano tubular (funciona a viento producido por un motor eléctrico que aún conserva su pedal de tracción) de sonido claro y brillante, construido por Donatto Sangaletti en 1902, que está todavía en excelente estado para su uso. Se observan bajo el coro dos confesionarios y la histórica imagen de la Virgen de Vilar, traída desde España en 1760, ubicada junto a la antigua pila de agua bendita.

La media naranja o cúpula del techo está construida en medio del crucero, como centro de los cuatro puntos de la cruz del Templo. También sirve, además de la convergencia para dar mayor acústica al recinto.

Está estructurado sin ningún clavo, teniendo sus múltiples piezas ensambladas entre sí y aseguradas por medio de tarugos de madera. Sus rayos están combinados y alineados simétricamente y convergen en el centro en un rosetón que remata en una piña que cuelga. Posee muchos adornos en forma de arabescos enmarcados con dirección a los cuatro vientos, que la asemejan a un sol (símbolo de la divinidad) hacia donde se orientan las oraciones.



El púlpito, tiene más de 300 años y fue trasladado desde la primera iglesia en Santa Fe la Vieja. Es de estilo barroco y laminado en oro. No fue nunca retocado. En sus laterales están labrados el escudo de la Orden Franciscana (con los dos brazos cruzados y la cruz), el de la Tierra Santa (con cinco cruces), el de San Bernardino de Sena (con la inscripción JHS: Jesús, Hombre, Salvador) y el de la Virgen (con las letras A y M entrecruzadas: Ave María, ornada con la corona de la reina, símbolo de gloria y poder, y el corazón materno atravesado por la lanza).

Sobre él se posicionaba el celebrante, luego de la lectura del Santo Evangelio, para proclamar su homilía a toda la feligresía.

El Altar Mayor es de estilo barroco y fue traído desde España para la Iglesia de los Padres Jesuitas, pero como al llegar, las medidas no se correspondieron con las solicitadas por ellos, fue adquirido por los Padres Franciscanos.

Está coronado con el escudo de la Orden Franciscana, desgranado en tres de sus cuatro motivos, es decir: los brazos cruzados de San Francisco y Cristo y la cruz, las cinco cruces de Tierra Santa, por ser los Franciscanos custodios de los Santos Lugares y las cinco llagas de San Francisco de Asís. Data del siglo XVII. A ambos lados del altar mayor, se encuentran dos pinturas, con las imágenes de Santa Isabel de Portugal y de Hungría, Santas Terciarias de la Orden Franciscana.


MUSEO DEL CONVENTO SAN FRANCISCO

Llevados por el afán de venerar al pasado, los frailes franciscanos fueron atesorados con el andar del tiempo, una destacable colección de objetos históricos relacionados especialmente con la vida política y religiosa de la ciudad, desde los tiempos de la conquista hasta nuestros días. Con todos estos elementos y con una serie de piezas donadas por las familias santafesinas, se pensó entonces de dotar a la ciudad con un Museo Histórico. Gracias al trabajo del Fray León Martinengo y Hermano Fray Miguel Caballero, se pudo fundar el actual museo. Esta tarea se vio reforzada por la intervención que posteriormente realizaron los superiores de la casa, P.P Jesús Mansilla, Fray Adriano Rincón, y Fray Jesús Rodriguez.

Las piezas históricas importantes que encierran el museo son las que se enumeran a continuación:

-Sala de los Constituyentes: creada por iniciativa de Fray Martinengo. En ella se puede apreciar a los miembros de la celebrada asamblea de 1853, reproducidos en cera, con su atuendo de época, en el momento de sancionar solemnemente el 1ro de Mayo del año mencionado anteriormente, la Constitución Nacional, reproduciendo el instante que, el Dr Juan Francisco Seguí, diputado por Santa Fe, pronunciaba su patriótica arenga instando a que se postergase la sanción de la Ley Fundamental.

-En otra sala lucen algunos objetos pertenecientes al Brigadier General D. Estanislao López, entre los que se destaca una cómoda donada, según reza, por sus bisnietos Álvarez Comas; un cuadro de Jesús de Nazareno, pintado en el mismo año del fallecimiento del prócer (1883), y dos medallones que colgaban sobre la cama del caudillo, con la efigie suya y la de su esposa.

-Entre las estatuas, tallas y figuras de vestir, se advierte una antigua imagen de Nuestra Señora de la Barca,

De estilo barroco en torno de la cual se teje una pintoresca leyenda, donada al convento en el 1648 por la familia Sosa. También se impone un San Antonio, vieja talla perteneciente a doña Cirila Escobar de Busaniche, y un Jesús Nazareno, talla trabajada por los indios de Paraguay donada a la comunidad franciscana en 1750; dos estatuas, del siglo XVIII, de San José y de la Inmaculada; y un Cristo, en madera tallada, donado por don Domingo Sosa.

-Una breve pero importante colección de platería del Perú. Fuente, mates, bandejas, sahumerios y prendas del enjaezamiento caballar, son muestras de arte, que entre los siglos XVI y XVII tuvieron un notable desarrollo en el río de La Plata, siendo muy atesoradas sus piezas en nuestro medio.

-En el orden documental pueden contemplarse numerosos libros sagrados, códice y reglamentos religiosos; y en el ámbito civil, el testamento de doña Jerónima de Contreras, hija de Don Juan de Garay y esposa de Hernandarias; todo esto, así sea de un vasto repositorio de cartas, bandos y otros escritos coloniales.

-Es también importante la colección de objetos religiosos, como candiles, botijas, libros incunables, cálices, custodias, palmatorias, incensarios, coronas de Santos y Vírgenes, copones, navetas, vinajeras, misales, campanillas, candeleros, cruces y medallas que, justamente con bargueños, arcones, cajas fuertes, relojes de bolsillo, porcelanas, cajas de música, fotografías, litografías, banderas, morteros y vieja sillería.

BRIADIER GENERAL DON ESTANISLAO LÓPEZ


Un patriota y un gran guerrero, el máximo héroe de la Patria Federal, de un coraje y bravura sin igual, pero con la inteligencia que da el hacerse hombre en contacto con la tierra y el indio, como comprobaría el General Lavalle cuando acampó acosado por las lanzas santafesinas en los campos del mio mio y toda su caballada murió y tuvo que regresar de a pie a Buenos Aires con los despojos de su ejercito invasor.

Nació en Santa Fe el 22 de noviembre de 1786 y era hijo de una familia pobre y virtuosa. Su padre, Juan Manuel Roldán, era capitán de milicias provinciales y descendía de conocidas familias de la colonia. Se educó en las escuelas locales y a los 15 años salió de ellas para trasladarse a la frontera del Norte en calidad de soldado. Muy joven fue hecho cadete, calidad en la que permaneció largos años.

La vida del campo, la guerra contra el indio y su contacto diario, dieron a Estanislao López agilidad y destreza suma en el caballo y la lanza. Conocedor de todas las argucias de los aborígenes, de sus ataques nocturnos, de su arte guerrero, más tarde aplicará estos procedimientos en su famosa táctica montonera y ella le permitirá ser invencible ante los generales de la Independencia, al frente de ejércitos regulares. En la frontera se relacionó con los caciques indios que luego supo halagar y hacer entrar en sus emprendimientos, conteniendo sus desórdenes y atropellos con mano de hierro, cuando fue necesario.

Abandonó luego su guarnición para marchar con la división de Machain, que fue la primera que pisó el territorio paraguayo, el 19 de diciembre de 1810. Los 100 Blandengues santafecinos sobresalieron por su denuedo en aquella campaña azarosa.

Tomado prisionero en Tebicuary, López fue conducido a Montevideo, que se hallaba en poder de los realistas, y detenido con otros patriotas a bordo de la fragata española “Flora”, que servía de pontón. Una noche, sin ser sentido, se arrojó al agua, logrando llegar al campo sitiador del coronel José Rondeau. Permaneció en Montevideo, hasta que en el mes de octubre de 1811 fue levantado el asedio por el tratado firmado entre el Gobierno de Buenos Aires y el Virrey Elio. López regresó a Santa Fe, siendo uno de los pocos que llegaron a su provincia de los 100 Dragones santafecinos que se habían incorporado allí a Manuel Belgrano.

El 31 de agosto de 1816 se apoderaron de la ciudad de Santa Fe. Estanislao López fue el héroe de esta campaña y en compensación a su valor y energía, obtuvo del gobierno de la provincia, el grado de teniente coronel y el nombramiento de comandante general de armas. En marzo de 1818 emprendió una expedición contra los indios del Chaco, la que prosiguió con éxito los meses siguientes.

El 23 de julio de 1818, Estanislao López se nombró gobernador interino de la provincia de Santa Fe por sí mismo, lo que hizo conocer por medio de un bando público; separándose de este modo de la provincia de Buenos Aires.

López suplió con inteligencia natural su deficiente formación cultural, y por eso mismo sufrió la influencia de fuertes personalidades que lo rodearon. Sus tesis de economía regional proteccionista, de 1830, sostenidas contra Buenos Aires, eran válidas, pero no contó con aliados suficientes para imponerlas.

En lo años de paz frecuentemente interrumpidos por campañas contra unitarios (Gral Paz, Gral lavalle, etc) de las que saldría siempre victorioso y contra el indio, (Ranqueles especialmente), logró que la economía de la provincia invencible mejorara y en grado menor prosperara en parte gracias a una indemnización que pagarían los porteños por sus invasiones.

Estanislao López, el patriarca de la federación, murió en Santa Fe el 15 de junio de 1838. El luto por su muerte duró un mes y Santa Fe fue escenario del mayor cortejo fúnebre de su historia.

* En la tarde del 15 de junio de 1838, Estanislao López, falleció en Santa Fe a la edad de 52 años, siendo sepultado en el templo de la hermandad franciscana. Sobre su tumba mandó colocar Rosas estas palabras dignas de un héroe espartano: “ni su gloria militar ni su elevada posición pudieron cambiar jamás su sencillez republicana”.
Con Estanislao López desaparecía una de las preclaras personalidades de la historia argentina. Figura discutida pero como dijo el cardenal Mons. N. Fasolino en oportunidad de conmemorarse el centenario de su fallecimiento: “de firmes convicciones católicas, consideraba a la Iglesia como el centro y eje de los sentimientos y del carácter del hombre, su nombre se agiganta y vive cargado cada día de mayor gloria”.

BIBLIOGRAFIA:

-Comunidad Franciscana de Santa Fe, San Francisco, símbolo y síntesis de un gran pueblo. Santa Fe. Imprenta Macagno, 1980.

-Comunidad Franciscana, “Templo y convento de San Francisco en Santa Fe, 1980.

-Dr. Cervera, Federico, “Ensayo histórico sobre el Templo y Convento de San Francisco en Santa Fe.

-Gianello, Leoncio, Historia de Santa Fe. Plus Ultra, 1978.

-Apuntes tomados en la clase de Práctica de Guía I.

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